lunes, 9 de mayo de 2011

Algunas dificultades en el desarrollo del Comercio Justo



    1. Acceso a financiación



   Existen algunas organizaciones que sin dejar de ser entidades financieras le brindan la oportunidad de acceder a créditos y préstamos a productores de países en vía de desarrollo para financiar sus producciones. Esto con el fin de que los productores puedan insertarse en el mundo del comercio adquiriendo una responsabilidad financiera pero sin tener que pagar altos intereses ni cuotas a plazos reducidos. Una entidad financiera común y corriente no arriesgaría su capital concediéndole un préstamo a un productor que no cuenta más que con su palabra y su cosecha para garantizar el pago. de una cuota, y mucho menos dejaría de obtener altos beneficios aplicando una tasa de interés más baja a una persona que dudosamente cumplirá con su obligación de pago. Afortunadamente, ligado al comercio alternativo, hay una serie de organizaciones (banca ética) que se encargan de garantizar el acceso de los productores en desventaja a los distintos mercados y sistemas financieros. Otras organizaciones, no necesariamente entidades financieras, participan en el proceso de financiación como avales respaldando a los productores que hacen parte de este sistema alternativo. En muchos casos la facilidad de adquirir préstamos por parte de los productores es posible gracias a la intervención de organizaciones como Intermón Oxfam. 


    2. Explotación infantil y desigualdad

   Además de luchar contra estas problemáticas, el comercio justo también se dedica a combatir la explotación infantil y la desigualdad de condiciones entre mujeres y hombres. Desafortunadamente, es precisamente en los países pobres donde estos problemas son recurrentes y acentuados. Algunos padres obligan a sus hijos a trabajar para aumentar sus precarios ingresos y los privan de derechos fundamentales como ir a la escuela y tener una infancia. En algunos países latinoamericanos, los menores representan alrededor de un 10% de la mano de obra de las plantaciones de café dedicadas a la exportación.

   El Comercio Justo trabaja para comprometer a los productores de países pobres a la eliminación de cualquier indicio de explotación infantil y fomenta la educación temprana en todas las comunidades, pues el acceso a los estudios es una de las claves para erradicar la pobreza en cualquier país del mundo.

   Al igual que los niños, las mujeres también son un blanco frágil en varias sociedades. Muchas de ellas sufren discriminación social y económica desde pequeñas al tener acceso restringido a los estudios, carecen de posibilidades de obtener un empleo digno, y en casi todos los casos sólo por el hecho de ser mujer obtienen ingresos mucho menores a los de un hombre que desempeña el mismo trabajo. El 70% de los que viven en la pobreza absoluta son mujeres y hay un abismo entre la retribución que las mujeres reciben y el papel que desempeñan en la sociedad. Por esta razón, algunas organizaciones del Comercio Justo se encargan de que todas las mujeres y especialmente las mujeres cabeza de familia de los países del Sur tengan igualdad de oportunidades con respecto a los hombres, no sólo a nivel laboral y económico, sino también a nivel social.

    3. Sostenibilidad medioambiental

   La sobreexplotación de los recursos naturales compromete el desarrollo de los países del sur. En el caso específico del café se ha comprobado que en América latina se emplean con gran intensidad pesticidas y abonos químicos que atentan contra el medio ambiente y contra la salud de la población. De todos los principios del Comercio Justo, la sostenibilidad medioambiental es uno de los más difíciles de llevar a cabo. En primer lugar, porque lleva años mentalizar a las personas de la importancia de iniciar un cambio que trae resultados a largo plazo, que además resultan intangibles y en algunos casos más costosos para los productores y las cooperativas del Comercio Justo; en segundo lugar, porque las leyes que giran alrededor de la protección medioambiental son ambiguas y no en todos los países se pueden llevar a cabo los mismos reglamentos; y en tercer lugar, porque aunque no es imposible, resulta difícil la tarea de concienciar de que vale la pena pagar un poco más por un producto orgánico que, además de ser altamente competitivo en calidad, posee valores agregados como el respeto por el medio ambiente, la no utilización de productos químicos y el beneficio justo que le corresponde al productor.

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